Diego Navarro es quién asiste cada semana al Penal de Ezeiza a ver a su amigo Lázaro Báez, dónde está detenido desde el 5 de abril del corriente año, por la causa conocida periodísticamente como la “ Ruta del Dinero K”. Ante versiones que indicaron que Báez vive como un preso VIP, y desmentidas por el Jefe del Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires, Emiliano Blanco, accedimos a los detalles de cómo vive Lázaro sus días más aciagos en prisión.

“La primera vez que vas a ver a alguien al penal, te das cuenta de lo subvaluada que esta la libertad, salís atontado, es un mundo irreal, otro, con otros parámetros, otros estándares”, dijo Diego Navarro, amigo y socio del empresario patagónico. Bien conocido en Santa Cruz en el entorno de Lázaro, su nombre empezó a circular en los medios nacionales cuándo Báez le entregó un fajo de billetes antes de ser detenido.

"Los amigos siempre estarán pero otros empresarios y ex dirigentes se abrieron de gambas", se lamenta Diego.

En las afueras del penal existe lo que se llama “La Cantina”, es en realidad un almacén, dónde se pueden comprar alimentos para entrar al penal. La ventaja que provee a los familiares, es que, encargando los elementos para la comida ahí, son los dueños de esa cantina los que pasan todas las requisas necesarias para el ingreso, las latas son abiertas, igual que los paquetes y envoltorios, lo hace perder mucho tiempo, así el familiar o amigo que va de visita se ahorra un valioso tiempo, evitando hacer el mismo esos controles de la comida.

Lázaro pidió en un momento que no le enviaran mas latas de tomates, porque se le habían acumulado, y entran requisadas y abiertas como las de cualquier preso. Todo se comparte en lo que se conoce como rancho. Lázaro come tranquilo la comida del rancho, no es un tema que le preocupe. Ha bajado mucho de peso.

Solo recibe medialunas, las facturas con crema pastelera están prohibidas porque en ellas se puede diluir droga, y el dulce de membrillo también, porque es corrosivo de los barrotes, según el reglamento del Servicio Penitenciario. El pabellón donde se encuentra alojado tiene capacidad para 15 detenidos, lo comparte con su contador inseparable Rodolfo Pérez Gadín, entre otros. Y fue ese el único cambio importante para su permanencia allí. El servicio penitenciario debió resolver el desafío de alojar reclusos que no son de alta peligrosidad ni protagonistas de delitos comunes. En ese pabellón, destinado a transexuales, había solo tres detenidas que fueron trasladadas al área de mujeres, que es lo que indica la ley de igualdad de género.

Para estar a las diez de la mañana dentro, hay que hacer la cola desde las siete, se pasan varias requisas, las que su amigo Navarro no omite cada vez que va a ver a Báez. Una primera requisa o control general, la segunda donde se despoja de los elementos personales, celulares, lapiceras, encendedores y todo lo que puede implicar un riesgo dentro del penal. La ultima requisa, la más dura, la de las cavidades íntimas. Está terminantemente prohibido el ingreso de celulares por lo que es imposible fotografiar las condiciones de reclusión.

El pabellón 6 modulo D, donde permanece Lázaro tiene una sala que comparten todos los alojados, donde hay una heladera, un horno eléctrico, un televisor. Allí se organiza el "rancho" y las tareas de limpieza se realizan entre todos.

El no tiene televisor en la celda, ni radio, ni celular, ni computadora, a esta ultima podría tenerla, porque todo lo provisto por los familiares o autorizados, que cumplan con el reglamento del Servicio Penitenciario, pueden ser ingresados. Fue Diego quien proveyó el horno eléctrico, que adquirió en un supermercado, con las características que debía tener según ese reglamento, y siguió para su ingreso toda la vía de autorizaciones que debía seguir. “La vida de privilegios dentro de la cárcel es un mito urbano”, sostiene el confidente más cercano que tiene por estos días el empresario K.

Baez navarro

 

El modulo D tiene 3 teléfonos públicos a los que pueden acceder todos los internos allí alojados, y gozan del derecho a hacer llamadas de 5 minutos como máximo y con tarjetas. Cuándo recibe llamadas de Lázaro desde allí, son perfectamente identificables y una grabación avisa que provienen del penal. Lo que más preocupa al Servicio Penitenciario, como a los íntimos, es la salud de Lázaro. Como se sabe padece hipertensión y diabetes, a lo que suma una afección cardiaca, por lo que se encuentra controlado y medicado. No tiene su propio aparato para control de los niveles de glucemia, porque tiene una pequeña aguja para la punción y extracción de sangre, y eso no está permitido en el penal. Lázaro no recibe una dieta especial por su patología, siendo este uno de los pilares del tratamiento de la diabetes, poca ingesta de hidratos de carbonos y grasas, por su poder glucoformador. Los medicamentos son recetados por los médicos de la unidad sanitaria de Ezeiza y es su amigo quién se encarga de comprarlos e ingresarlos según la norma. No piensan por ahora en un pedido de prisión domiciliaria, porque las evaluaciones del servicio médico del penal consideran que puede permanecer controlado.

La calefacción consiste en un pequeño caloventor que se le permite tener a cada alojado en ese pabellón. Lo incomoda no poder usar cinturón. A las once de la noche se apagan las luces y todos se van a dormir. Lázaro usa camisetas de manga larga y calzoncillos largos, comunes, para paliar el frio.

La charla con Diego Navarro fue amena, contundente sus respuestas respecto de despejar toda duda sobre lo que se dijo en cuanto a la detención VIP de su amigo. De la causa, sólo contó que Lázaro eligió sus propios abogados, según considero el mismo, eran los mejores. “Esta es una causa con un 80 % de contenido político y un 20 % de componente judicial, se dicen cosas que no han ocurrido, en estos días de detención”. En este diálogo se abstrajo de otras cuestiones legales, para sólo aclarar las dudas que rondan como una leyenda, en cuanto a su condición de detenido.

Lázaro pasa sus días como un preso común, acorde a los delitos de los que se le acusa. No hay privilegios, sólo el monitoreo exhaustivo de la salud y la seguridad, para lo que se instalaron nuevas cámaras. Tiene poca ropa, no le gusta tenerla amontonada en la celda, por lo que, quién lo visita cada domingo, le lleva una muda limpia. No hay presos de otros pabellones que hagan la limpieza o tareas que debería hacer él, "eso es una mentira", afirma el entrevistado.

La condena social es ya irreparable, irremontable, sumar condiciones de privilegios a la detención por medio de versiones periodísticas, sólo aumenta esa condena. “Si esto fuera futbol, estamos perdiendo 70 a 0, estamos intentando que sea un 70 a 4”, concluye.

Alicia Panero

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