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Las 9:15 AM fue la hora anunciada oficialmente como la de la muerte del ex presidente Néstor Carlos Kirchner en el hospital, luego de ser trasladado desde  su casa de Los Sauces en el Calafate, Santa Cruz. Cómo fueron las últimas horas del político que nunca dejó el poder. El misterio del golpe en su rostro y el ataúd. El desconsuelo de CFK.

Más temprano, un empleado de la Fuerza Aérea que prestaba servicios en el Aeropuerto de la ciudad recibió un llamado de Buenos Aires, “algo paso en la casa del presidente, ándate a la clínica y espéralos ahí”. Calafate es un lugar pequeño, el  efectivo abandonó el mate que se estaba preparando para disfrutar del feriado por el Censo Nacional de Población y Hogares 2010 que se realizaba ese 27 de Octubre. Era un día despejado. Llegó al hospital Distrital José Formenti, cuando la ambulancia matricula DRW 071 ya había recorrido las siete cuadras que separan la casa de los Sauces del modesto y poco complejo hospital local. Entraba por la zona de emergencias por la Calle Simón Bolívar, por donde se coló el empleado del aeropuerto, justo en el momento en que bajaban la camilla con el expresidente inconsciente. Precedido por una Cristina de anteojos enormes oscuros, que no ocultaban del todo su rostro desencajado.

No recuerda bien los horarios, pero de todas las conjeturas y leyendas que se tejieron luego en torno la muerte, es de lo único que duda. El vio muerto, sin saberlo en ese momento, al ex presidente. No vio sangre, ni golpes ni traumas. Eso lo jura por la vida de sus hijos.

Y esto coincide con la versión de un periodista local, que volvía de cubrir un fuerte choque producido en la entonces Avenida Libertador y Ernesto Leman. De regreso a la radio, y al pasar por la escuela 9 y el Hotel Los Álamos, se cruza con una ambulancia y tres camionetas de alta gama pegadas detrás. Guillermo Pérez Luque siguió la caravana y la vio detenerse en la dársena de guardia del Hospital Distrital, donde ya estaba parado el hombre del aeropuerto, y vio abrirse las puertas de la ambulancia, bajar a Cristina con sus enormes anteojos negros y reconoció a Néstor que yacía en la camilla.

“Una expresión de enorme soledad” , es lo que para el empleado de la Fuerza Aérea  había en esa cara empalidecida, por causa de lo que se sabría después, un infarto masivo y un paro cardiorrespiratorio no traumático.

Dentro del hospital, y ya anunciado el deceso, alguien del pequeño entorno que se encontraba en ese momento, le dio a sostener unas botellas de agua marca Evian, y le dijeron que la cuidara. Era el agua que tomaba la presidente Cristina Fernández, ya viuda en ese momento.

Un tiempo más tarde, de un horario que nuestro testigo recuerda poco, el cuerpo de Néstor fue trasladado por la misma ambulancia a la casa de Los Sauces, y él con el agua a cuestas, lo siguió. La presidente se despidió en la intimidad del cuarto, dónde con su atuendo de dormir Néstor se había desplomado, fueron largos minutos en soledad, mientras en la planta baja de la casa, ya algunos funcionarios y políticos locales daban vueltas en silencio consternados.

De los horarios duda todo Calafate, incluso la agencia de noticias OPI Santa Cruz, asegura haber emitido la noticia de la muerte a las 8:40 AM. Dato anecdótico, o propio del secretismo y el hermetismo que rodeó siempre la vida privada de la familia presidencial. Sumada la sorpresa, las presiones y las versiones que se echaron a rodar respecto de la causa de la muerte, no resulta nada extraño. Para entonces un fuerte operativo de seguridad rodeaba a unos doscientos metros la casa de la familia Kirchner, formada por efectivos de Gendarmería Nacional y Prefectura, para mantener la privacidad del momento.

La cena, la última, el 26 de Octubre, habría sido en compañía de Lázaro Báez y su esposa, que se habrían retirado de la casa de Los Sauces apenas pasadas la 1:30 de la madrugada. Si bien no hubo explicación oficial de por qué las exequias del ex presidente se realizaron a cajón cerrado, se cree que fue por decisión de su hijo Máximo , que llegó procedente de Gallegos alrededor de las 11 AM.  Si bien el diario Perfil público unos días después que lo que no querían era exhibir un golpe que el ex mandatario sufriera cuando tuvo el infarto, el testigo del aeropuerto nada vio en el rostro de Néstor, que le indicara tal cosa, n tampoco el periodista. Aunque esto fue dado por cierto por en “Los Platos Rotos” de Diego Cabot  y Francisco Olivera. “Cuando se desplomó sobre una mesa de luz —el golpe le provocó una herida profunda en el rostro— Kirchner estaba con el atuendo con que solía dormir: camisa, calzoncillos, medias. En un esfuerzo desesperado, su mujer lo había subido a la cama. “

Buscaban un ataúd similar al de Juan Domingo Perón, pero Cristina desistió de esa idea cuando apareció uno que considero digno, en una funeraria de Rio Gallegos, cuyo propietario era compañero de colegio del expresidente. Se han hecho especulaciones respecto de las medidas del ataúd, sobre si estaban los restos o no, sobre si fue trasladado a Buenos Aires o no.

Los empleados de la funeraria explicaron que la decisión de cerrar el ataúd fue estrictamente familiar y común, que nada llama la atención, sucede con frecuencia y es algo incuestionable ya que se trata de la voluntad de los deudos. El protocolo nada refiere al respecto.

El cofre era el que estaba disponible y si media algún centímetro menos, como se especuló, nuestro testigo privilegiado, que sostenía el agua  de Cristina, vio entrar un ataúd y salir el mismo. Esto de ser así, rompería con la leyenda de la muerte violenta, del cajón vacío, y de tantas especulaciones originadas por una decisión, que al parecer fue estrictamente familiar.

En la casa de Los Sauces,  el cuerpo del ex presidente  esperaba por  la funeraria, que lo llevaría directamente al Aeropuerto para ser trasladado a Rio Gallegos. Debían esperar el arribo de Florencia que estaba en viaje desde Nueva York, donde se encontraba por entonces cursando sus estudios de cine.

El mismo hombre que había sostenido el agua, se retiró de la casa y fue a organizar el arribo de los vuelos que llegarían al Calafate.  Recuerda que tuvo que hacerse cargo del operativo, a pesar de que ya por entonces la Fuerza Aérea no tenía a su cargo el tránsito aéreo, y lo atribuye a la conmoción, la improvisación, y a que todos tomaron sus aviones y partieron al Calafate a acompañar a Cristina en el momento más duro de su vida.

El Aeropuerto Comandante Armando Tola, inaugurado por el propio Néstor el 17 de noviembre del 2000, cobró un ritmo frenético de arribos que sólo pudieron organizarse por la presencia del hombre de la Fuerza Aérea. Funcionarios  y amigos llegaban en aviones oficiales y alquilados. O propios, como el primero en llegar, Cristóbal Manuel López, en su moderno The Havilland, adquirido poco más de un año antes, y cuyos pilotos han sido ex pilotos de la Fuerza Aérea en algunos casos. El mismo avión que lo llevaría a visitar el mausoleo construido por Lázaro Báez, en el quinto aniversario de la muerte de Néstor Carlos Kirchner, en 2015. Al momento de ser trasladado desde el Calafate a Rio Gallegos, en ese mismo aeropuerto, nuestro hombre volvió a estar cerca de la Presidente Cristina Elisabet. La notó quebrada, sus hombros caídos vistos desde atrás por el hombre del aeropuerto, le daban esa impresión. Repetía lo que repitió en el hospital “no podes hacerme esto”. El espectador privilegiado tomó dimensión de la soledad en la que se quedaba la mandataria. Sin especulaciones respecto de si lloró de amor, de pena, de miedo, la vio llorar desgarradoramente, y según él, que la había visto muchas veces, en esa ocasión, la vio humana, como pocas veces se la vio.

Myriam Quiroga, ex secretaria y compañera de Néstor Kirchner, como ella se define,  no puede asegurar que los hechos hayan sido del modo que lo relata el empleado del aeropuerto de Calafate. Hay tantas versiones, dice, ésta puede ser una más, y aporta que por esa época había un funcionario de ANAC (Administración Nacional de Aviación Civil), de apellido Fonseca, a cargo. Hecho que no desmiente lo relatado por nuestro testigo puesto que él señala que se vieron sorprendidos para organizar el operativo, no que no hubiera un empleado. No encontramos para testimonio de esta nota, al tal Fonseca, probablemente no quiera hablar, porque todos temen hacerlo.

Quiroga señala que ese día no dejaron participar a la policía de la Provincia. “No era cualquier persona, era el ex presidente de los argentinos, y lo dejaron allá exiliado, pero bueno es mi sentimiento. No puedo asegurar que esta versión sea la verdadera, pero es una historia más. Yo también busco la verdad, creo que nos llevara años dar con ella”.

Alicia Panero

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