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El relativamente reciente relanzamiento del megaproyecto “La Ruta de la Seda” por parte de China para el Siglo XXI, ha activado el interés de los analistas de factibilidad sobre la implementación de la Tecnología Blockchain y el uso de cryptomonedas como el Bitcoin en el enorme volumen de transacciones comerciales previstas tras su concreción. Es que la potencialidad de la Cadena de Bloques, mucho mas allá de las monedas virtuales en sí mismas, parece evidenciar cada día mayor eficiencia. 
 
En cada transacción, los registros digitales – resúmenes cryptográficos -, se agrupan en bloques, enlazándose posteriormente de manera cronológica en una cadena de complejos algoritmos matemáticos. 
Este proceso o hashing es llevado adelante por numerosas computadoras o nodos distribuidos en distintas partes del globo, que corroboran la validez de la respuesta, dotando a cada bloque de una exclusiva firma digital, manteniendo los datos seguros. Un proceso irreversible que, a priori, no permitiría que el resumen cryptográfico se transformara en los datos originales.
 
La tecnología en cuestión además, reduce sustancialmente los costos de transacción porque no requiere de controles adicionales, a la vez que las acelera. 
Se trata ni más ni menos que de una contabilidad triangular o por partida triple que en términos de Blockchain es un Libro contable Mayor distribuido.
 
Cabe recordar que a partir de la caída del Muro de Berlín y gracias al declive de la Unión Soviética, el sistema político-económico mundial pasó a ser delineado por la Unión Europea, Japón y los Estados Unidos. Sin embargo, resultaba impensable que el país del Norte fuera desplazado de su hegemonía global en tanto su estrategia cultural de imposición se fue consolidando cada vez con mayor fuerza durante décadas. 
 
Las cíclicas crisis que suele padecer el sistema capitalista fueron alterando el escenario geopolítico, distribuyendo parte de ese protagonismo entre Rusia y China, disputándoselo en tres frentes bien diferenciados: militar, político y económico.
Estados Unidos, pese a los constantes desequilibrios en su balanza de pagos, deuda pública duplicando su Producto Bruto Interno, menor competitividad y déficit fiscal, siguió liderando el sistema financiero y el tecnológico.  
 
De igual modo, casi la mitad de las compañías internacionales continuaron expandiéndose con capitales mayoritariamente estadounidenses, lo mismo que la renta financiera. Aunque este escenario se ha ido alterando en los últimos años.
El crecimiento del mercado interno en China respecto del de Japón y el de los EE UU, lo ha llevado a ser hoy el mayor consumidor energético del mundo. 
Asimismo, la creación de los Bancos de Desarrollo de los BRICS – Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica - y de Desarrollo Asiático en 2014, instauraron un nuevo paradigma que puja por sustituir al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, a lo que hay que sumar el volumen de reservas chinas en dólares, y las crecientes inversiones en Latinoamérica y el Caribe.
 
Hace más de dos mil años que las relaciones comerciales de China con Europa, el resto de Asia y África iniciaron, dando lugar a una compleja red de intercambios conocida como "la Ruta de la Seda" que bordeaba un extenso desierto de casi 300 mil kilómetros cuadrados y comprendía Mongolia, India, Persia, Siria, Arabia, Turquía, África y Europa, desde Xian a la costa mediterránea.
 
Pero la Ruta de la Seda no sirvió solo para la comercialización de esa mercancía, sino que facilitó el intercambio cultural, religioso y filosófico entre oriente y occidente.
Ya en 2013, en una visita oficial a la República de Kazajstán, entre Asia Central y Europa, el presidente Xi Jinpin deslizó la intención de reflotar la antigua Ruta de la Seda. 
 
Hoy, la última estrategia geopolítica del gigante asiático es relanzar dicho proyecto y un Cinturón Económico - One Belt-One Road - apuntando a un nuevo orden mundial para ocupar el lugar que desde la caída del muro de Berlín tuvieron los Estados Unidos. Una ambiciosa iniciativa internacional que busca integrar Asia y Europa, colonizando otros continentes con sus inversiones, consolidar su moneda - el yuan -en el sistema financiero internacional, e incrementar sustancialmente su participación en el mercado global de commodities.
 
La referida Ruta de la Seda no solo mantendrá el corredor que tuviera otrora, sino que incluirá nuevas redes, tanto por tierra (Silk Road Economic Belt – Franja Económica de la Ruta de la Seda), como por agua (21st Century Maritime Silk Road – Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI), cuyo desarrollo sería financiado por el Banco Asiático de Inversión e Infraestructuras con una base de 100 mil millones de dólares de capital inicial, propuesto para su creación hace casi tres años, contando con el consenso de unos 60 Estados, representando un tercio del PBI mundial. Aunque China ya dejó en claro la inadmisión de Japón y de los EE UU en su conformación. 
Pero los excedentes de reservas chinas en divisas norteamericanas por encima de los 4 billones, podrían no ser suficientes para afrontar los gastos totales hasta el 2049, los que han sido calculados por expertos hasta 2020 en montos que superan los 20 billones de dólares.
 
El megaproyecto incluye la ampliación de la red de transportes de alta velocidad en Pekín, extensión de líneas de comunicaciones, la construcción de dos estratégicos corredores terrestres en Europa mediante redes de ferrocarriles en el Norte y en el Sur reemplazando las travesías a lomo de camello de hace más de 23 mil años. Y África, donde además de vías férreas sustituyendo la senda de las caravanas, también desarrollará una base militar. 
Pekín por su parte, colaborará con China en la construcción de un puerto que le habilite salida directa al mar para la comercialización de sus productos, sin tener que pasar por el estrecho de Malaca, al sudeste de Asia, ensanchando además la carretera que une ambos países. 
 
En cuanto a la implementación de Blockchain como medio de intercambio, cabe señalar una posible segunda estrategia subyacente. Hace varios años que la clásica metodología generadora de deuda a partir de la emisión indiscriminada de dinero fiduciario, viene siendo reemplazada por la inversión en tecnología que, frente a la escasez de recursos y el incremento poblacional, facilitará a las naciones que alcancen su mayor desarrollo, erigirse a mediano-corto plazo como las más poderosas.
 
En 2014, el Banco Popular de China empezó a experimentar en la producción de su propia moneda digital similar al Bitcoin para ser utilizada en intercambios comerciales, que redujera de manera drástica los costos de las transacciones, garantizando además un sistema mas seguro de registración y transferencia contra la evasión tributaria y el lavado de dinero.
 
Finalizando 2016 realizó su primer ensayo, siendo ésta la primera cryptomoneda respaldada por un Banco Central en todo el mundo basada en Tecnología Blockchain.
Este hecho, para nada menor si se tiene en cuenta que podría llevar a ese país a ocupar el primer puesto como emisor y regulador mundial de cryptodivisas, lo faculta a controlar y neutralizar los riesgos en el sistema financiero internacional y monitorear la mayor parte de las transacciones a escala económica global. 
 
Bitcoin, para algunos es un simple activo. Para otros, en cambio, dinero creado a partir de la Tecnología Blockchain que en su génesis fue concebido para escapar al control de los Banco Centrales.
 
La cryptomoneda emitida por el Banco Central de China constituiría entonces una moneda controlada exclusivamente por la autoridad monetaria de ese país y por ninguna otra entidad financiera más en el mundo.
Tecnología Blockchain y dinero digital propio como medio de intercambio en la nueva Ruta de la Seda por tres continentes, reemplazando nada más y nada menos que al dólar, es una utopía china. ¿Lo es?.
 
 
 
Nidia Osimani
 
Especial para Periodismo y Punto.
 

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