MAGARIO

Magario, la intendenta "matancera". Su policía comunal quiere evitar que el periodismo muestre la realidad.

 

Hace 30 años que el peronismo gobierno La Matanza. Un ejército de dos millones de personas distribuidos en 325 kilómetros cuadrados y que aporta casi un millón de votos en cada elección. La mitad, suele votar el peronismo oficialista. Otro 25% al peronismo en su rol opositor. A 18 meses de la llegada de Cambiemos a Casa Rosada, en La Matanza se respira un amor incondicional a Cristina Fernández de Kirchner porque “nos dio dignidad” como me dice una vendedora ambulante en la avenida Luro en Gregorio de Laferrere. 

A metros de allí funciona el local de Mac Donals que más factura en el país. Mañana, tarde y noche ingresan miles de pobres en busca de una hamburguesa que los traslade al primer mundo. Vivir día a día, la búsqueda del nuevo celular –aunque sea robado- y el plasma más grande, son las grandes preocupaciones de ese electorado que reivindica a su “década ganada” porque “antes las cosas estaban más baratas” o “porque ahora no alcanza con un viaje para cartonear sino con dos”.

La revolución de la obra pública no interesa. Las cloacas, el agua potable, la llegada del asfalto o el metrobus no penetran en el imaginario colectivo. En el eterno presente, la dimensión de un futuro mejor, es una quimera. “No pudimos romper con el negocio clientelar de los punteros del PJ –explica un dirigente de Cambiemos en el terreno más populoso del país- repartimos más dinero en planes que nunca antes, pero la gente sigue creyendo que es mérito del peronismo porque los interlocutores siguen siendo los mismos”, concluye resignado. “Acá estamos más cerca del tercer lugar que del primero, resume el candidato agotado de explicarle a otros dirigentes, con más horas en televisión, que el matancero no es amigo de los discursos grandilocuentes. 

El timbreo de Cambiemos arranca en Las Cañitas de La Matanza; esto es: Ramos Mejía, única ciudad en la que, hace dos años, Macri y Vidal triunfaron. Allí, Toty Flores me pide que no me quede sólo con las personas que hablan en televisión criticando a Macri sino que “hay otra inmensa masa de ciudadanos que no quiere hablar en cámara por temor a la intendenta y que nos sigue apoyando”. Pero, a tres semanas de las PASO, Ramos no es Disneylandia para los candidatos de Cambiemos. Gritos, insultos, jubilados que encaran a los voluntarios del partido gobernante que están adiestrados para no contestar provocaciones se transforman en receptores del creciente malestar social. 

"Ustedes son jóvenes están pregonando ideas de un presidente que se está llevando puesto al país -les dice, cara a cara, una señora de 50 años a los jóvenes-. "No creemos que llevarse puesto al país es darle cloacas a la gente, el metrobus… -se anima a responderle tímidamente uno de los voluntarios que reparte folletos y globos de colores. "Pero ¡qué cloacas! ¡no vengas con el verso!" chicanea la mujer mientras otro transeunte la felicita por su supuesta valentía. Otra joven los encara en la esquina central de Ramos Mejía para recordarles que hace tiempo sólo hablan de Cristina. "Cada esquina que paso escucho Cristina, fíjense… no importa que sea candidata a senadora, las propuestas que hacen ustedes son las mismas de hace dos años. ¿Por qué? Porque no hicieron un choto".

Cambian los nombres pero el intendente de La Matanza es siempre peronista. A los diez años de Fernando Espinoza lo sucedió Verónica Magario, una mujer preocupada por las apariencias más que por las obras. Su rostro aparece en inmensas pantallas Led instaladas en medio del barro y el olvido. La mitad de las calles de su distrito no están asfaltadas. Cuando cae el agua, se vuelven intransitables. El reino de la ilegalidad se reproduce en cada pueblo. Es el caso de la nueva saladita que funciona en Villa Celina, a pocas cuadras de la avenida General Paz. Allí, el 80% de los comerciantes son ciudadanos bolivianos, peruanos y paraguayos ilegales. Cuando ven la llegada de un periodista, lo repudian. La caída en desgracia de Jorge Castillo es un recuerdo vigente. Entre ellos, no se trata de un combate a las mafias sino “una botoneada más de un gobierno que sólo gobierna para los ricos”. No hay matices. Aquí los buenos son los chorros. “No le han encontrado nada, no creo en nada” me dice una mujer que sale de comprar un jean de un local en Laferrere cuando le recuerdo los bolsos de José Francisco López, los contratos con Lázaro Báez y el aumento patrimonial de su querida ex Presidenta. El negacionismo a la corrupción es absoluto. Es un término popular en las clases medias aunque despreciable entre los desprotegidos que tienen que sumergirse en la ilegalidad para sobrevivir.

En la selva, la leona es reina.

En Luro al 6000, localidad de Laferrere, el promedio de ventas supera a la esquina más transitada de Santa Fe, en el barrio porteño de Palermo. La cantidad de comercios supera a los ubicados en la avenida Corrientes. El estancamiento económico se hace sentir y una mujer me grita que “Macri es nauseabundo, nos está llevando a otro 2001”. Otra mujer, más joven, expresa su amor por Cristina pues “puso en práctica lo que no pudo hacer Evita”. Una joven de 20 años, vendedora de ropa, asegura que no le gusta verlo ni en fotografías a Macri y que me cuide porque allí –en La Matanza- a Macri no lo quiere nadie. “Nos dio dignidad” reza en la vereda de enfrente al local de ropas, otra señora jubilada. Se refiere a la empresaria hotelera. “¿Lo qué? Se enoja la entrevistada cuando le recuerdo que no sólo Macri es empresario en esta historia de la argentina reciente. “No le han encontrado nada, es todo mentira, yo no creo”. Los bolsos que José López arrojó en un convento son otro invento del periodismo y de la oposición a Cristina. Como zombies, las respuestas parecen calcadas de un estudio televisivo del canal del procesado Cristóbal López.

El vendedor de garrapiñada también asegura que cayeron las ventas y “con Cristina todo estaba más barato”. Otra mujer dice que Cambiemos “no tiene sensibilidad con el pueblo” pero cuando le pregunto por la corrupción K me responde desafiante: “Que la comprueben, para eso está la justicia”. Pero tiene tres procesamientos, los bolsos de José López, Báez, el convento… “no creo nada de nada”.

¿Qué le molesta de Macri?, le insisto a una señora de 70 años que se define como peronista de Cristina y de Perón. “Que es un empresario y maneja al país como una empresa.

Detrás del Mercado Central, aflora un inmenso basural con una villa miseria como vista preferencial. Del otro lado, un afluente del río Matanza destila un olor nauseabundo. Una muñeca de un recordado personaje de mi niñez observa a una pareja de cartoneros que hace 20 años visitan la zona buscando sus rutinarios y pequeños tesoros: Un mueble que alguien dejó tirado, una bolsa de naranjas en mal estado, desechos de los carniceros del Mercado o telas que descartan los talleres clandestinos que se reproducen entre Lomas de Zamora y Tapiales, partido de La Matanza. También votan a Cristina. No aceptan cuestionamientos. Antes estábamos mejor. Punto. Añoran un pasado reciente en el que cartoneaban menos horas al día.  

Otro ciudadano boliviano responde que “con Cristina, por lo menos, nos dejaba vivir, con Macri nos estamos muriendo de hambre”. No le pido que aclare pero, antes que le hable de la corrupción, se anima a más: “Aunque Cristina, un poco robó, ella nos ha dejado vivir”. Paradoja política. La presidenta que pedía que le tuviesen temor como a Dios les daba una supuesta libertad que el tirano Macri les ha quitado.  

En un distrito gobernado por el partido de los ricos, el PRO urbanizó Los Piletones y proyecta concluir la construcción de viviendas y apertura de calles en la Villa 31, Rodrigo Bueno, la 20 y Fraga en el próximo año. En La Matanza, histórico bastión peronista, en 30 años se alcanzó la cifra record de 135 asentamientos en el municipio. No se abrió una calle. Las cloacas y el agua potable son una promesa constante.

Durante la recorrida, un patrullero de la policía comunal de Verónica Magario observa mis movimientos y con qué dirigentes opositores hablo. Al llegar a Villa Madero, nos intercepta para pedirnos la documentación. Frente a sus narices, se levanta el inmenso reino de la ilegalidad. Todo parece permitido excepto preguntar. Eso también es La Matanza.

 

LINK. INFORME LA MATANZA.

 

Por Luis Gasulla

@luisgasulla 

 

 

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