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Por primera vez hablan empresarios que fueron hostigados durante años por supuestos agentes de inteligencia, denunciantes crónicos y serviciales operadores mediáticos. Así funcionaba la red del apriete.
En septiembre pasado, el autoexiliado Mariano Martínez Rojas denunció desde Estados Unidos la trama oculta de la aduana paralela durante el kirchnerismo. Lo que ocultó relatar ante la prensa era cómo algunos empresarios entraban o salían de sus comprometedoras denuncias. Es el caso de Clemente Zavaleta, marido de una de las trillizas de oro. El marido de María Emilia grabó el mensaje previo al escarmiento público que recibió del arrepentido K: “Acordate que sé dónde vivís, qué hacés, adónde vas y adónde venís". Zavaleta no dudó en denunciarlo en la justicia. El Juzgado de Instrucción Nº15 investiga el hecho. Karina Zuconi y la Fiscalía Nº4 también investiga si otros empresarios como Luis Malek Fara o el dueño de una clínica en Belgrano, Roberto Erusalimsky, también fueron sus víctimas.
Uno de ellos relata a PeriodismoyPunto: “Antes de aparecer en sus denuncias, me llamó y me advirtió que si no ponía tanta guita la pasaría mal. Lo llamativo es que, antes de aparecer mi nombre en la fiscalía dos periodistas ya lo habían publicado”. Los medios son de tirada nacional. Las denuncias nunca se confirmaron en la justicia. Pero el daño ya estaba hecho. Nadie sabe qué empresarios sí aceptaron las reglas del juego y pagaron lo que les exigían.
Erusalimsky, investigado por la causa conocida como “la ruta del dinero K” sufrió otros aprietes similares. La mano negra de los servicios de inteligencia residuales lo acosaba. Leonardo Fariña, el primer y único arrepentido de la corrupción kirchnerista, admitió el manejo oscuro de la red de extorsionadores. “A Fariña no le creo porque me llamaron de su parte para pedirme medio palo. Les dije que no y ahora no duermo esperando cuándo me va a ensuciar”. El que habla es uno de los contratistas más importantes del país. Ese rumor circuló en decenas de los pasillos de las empresas de obra pública del país. A fines del año pasado, Fariña relató ante las cámaras de TN a un grupo de abogados y servicios de inteligencia residual que extorsionaban en su nombre. Horas antes le había exigido la renuncia a sus abogados defensores: Giselle Robles y el oculto Franco Bindi. El ex juez Luis Yrimia, denunciado por el fiscal Alberto Nisman antes de morir, también sufrió “la red de la extorsión”. Su nombre apareció mencionado en una de las tantas escuchas realizadas por Jorge Yussuf Khalil.
Otro de los empresarios que denunció ante el juez Luis Rodríguez y el fiscal Guillermo Marijuan que lo estaban extorsionando fue el titular del Grupo Emerger. A Mario Clemente le advirtieron que le harían la maldad de escracharlo en los medios si se negaba a aportar una jugosa suma de dinero. Dos periodistas oficiaron de mensajeros. Su nombre apareció en los medios obviando un dato clave: Clemente había sido sobreseído, previamente, por la justicia argentina, en la causa que lo investigaba por lavado de activos. Más aún, la causa por la que el empresario rosarino había sido sobreseido se había basado en una publicación periodística que la justicia le reconoció que no tenía sustento alguno. Otra vez, el mismo modus operandi: informante trucho que enloda a una víctima con importante poder adquisitivo, la información llega a la prensa, se abre una causa judicial que no prospera aunque el acoso continúa.
A los extorsionadores del titular de Grupo Emerger, poco les importó. Conocían sus movimientos financieros y negocios. “Ellos saben cómo y a quién apretar” confiesa uno de los arrepentidos que conoció por dentro el manejo. “Cuentan con información preferencial y saben cómo ensuciar a una persona hasta llevarlo al límite de la locura” concluye.
Otro caso fue el de los dueños de la Joyería Homero de Patio Bullrich. Lucía Adams y Juan Ignacio Pereyra sufrieron las intimidaciones de Mariano Martínez Rojas. El local recibió cheques falsos del empresario mediático. Fue la puerta de entrada al engaño. En uno de los audios presentados en la justicia, Rojas le dijo a Pereyra: "Che, Juani. yo te quiero comentar una cosita porque parece que no estamos muy claros todavía. Si me vas a poner ladrón, por lo menos tenés que tener las pelotas para venir y decírmelo en la jeta. Y aguantarte lo que te venga después, ¿ok? Cuando quieras decime y si no podés venir te busco, ¿está? Y si no sentate a charlar como una persona, que te dije 20 veces que te sientes a charlar... Y no atrás de una mujer, como hacés siempre estando atrás de tu mujer. ¿Escuchaste? Conmigo tenés que tener pelotas. No te confundas. Estás totalmente equivocado. Acordate que sé dónde vivís, qué hacés, adónde vas, adónde venís. ¿ok?"
En Corrientes, localidad en la que nació Martínez Rojas, tiene dos causas por estafas iniciadas por vendedores de autos de alta gama, Ricardo Sodo Toranzo y Pedro Kaenel. No fueron los únicos.
 
Por Ricardo Vázquez 
Especial para Periodismo y Punto
 

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