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Por primera vez, la imagen del empresario K en prisión.

 

Tras 1668 días, Lázaro Báez se sentó frente a una cámara. En la segunda nota del empresario, detenido en la cárcel de Ezeiza, habla de todo. Sus críticas al juez Sebastián Casanello, su verdad sobre la ruta del dinero K, el mensaje a los testaferros del kirchnerismo, las razones por las que cree que Cristina Kirchner lo entregó, su elogio a la construcción de poder macrista. Miedos, silencios y anhelos del hombre que conoció, como casi nadie, a la familia Kirchner.

1668 días después de la improvisada conferencia de prensa en la estancia Ana en Río Gallegos, el detenido empresario, Lázaro Báez, enfrentó una cámara de televisión. 18 meses atrás había dado la única entrevista periodística desde prisión. Aquella vez también eligió a Infobae y a quien escribe estas líneas. Esta vez, Báez se animó a enfrentar las luces de una cámara. Dudó hasta último momento ya que la autorización del Ministerio de Justicia, del Servicio Penitenciario y del juez, fue abrupta. “Es el procedimiento habitual” informan las fuentes oficiales. Báez fue notificado 16 horas antes del esperado encuentro. Hasta último momento, dudó si era el momento correcto o no, de romper el silencio. Hubo datos, anécdotas y nombres que, sin el temor que “se metan con la familia”, contará, tarde o temprano.

Mientras que los ex funcionarios K envían mensajes por extensas cartas escritas de puño y letra, Báez quiso contar su verdad ante la cámara de Infobae y las seis personas que estuvieron presentes durante la entrevista. Por momentos, se sintió intimidado, por los presentes en el aula de la biblioteca del penal en el que se realizó la entrevista, que observaban el desarrollo de la nota en absoluto silencio. En otros, al empresario se lo notó temeroso–“¡una cámara! ¿te parece?”, se confesó.

Báez habló de todo y de todos. Cristina Kirchner, Mauricio Macri, su amigo Néstor, su familia, los olvidos de Julio De Vido, el “no-peronista” de Amado Boudou, los aprietes tras la muerte del ex Presidente Kirchner, la Cámara Argentina de la Construcción, Leonardo Fariña, el video de La Rosadita, los negocios hoteleros, Ángelo Calcaterra, Electroingeniería y los verdaderos –según él- testaferros de la familia Kirchner: “Si yo era el testaferro me daban un banco o las fichitas”. Aunque no los nombre, Báez se refiere a la familia Eskenazi y a Cristóbal López.

Detrás de escena

Acompañado por un cuaderno en el que apuntala información de las causas judiciales en las que está procesado, una lapicera color negro, un termo con agua caliente para el infaltable mate, un mantel marrón que descubre como si fuese un trofeo, servilletas de papel y dos sobres de edulcorante, Báez se preparaba, en silencio, para una entrevista que, en principio, sería de cinco minutos. La autorización nos permitía armar los equipos en 15 a 30 minutos en los que, podía aprovechar, para conversar en off y convencerlo, nuevamente, de la importancia que tenía esa entrevista para todos los involucrados. Pero Báez no hablaba en presencia de extraños. El calor era insoportable. El aire se cortaba con tijeras. “Y bueno, ya está, ¿no lo voy a hacer venir hasta acá por nada? ¿No le parece?”. Báez, finalmente, se sentaba en una silla de plástico frente a mí. El Servicio Penitenciario nos había autorizado 40 minutos de entrevista. Báez terminó hablando 43 minutos y nueve segundos.

Dos meses atrás había recibido el primer llamado de Lázaro Báez tras las últimas charlas en el 2016. Habíamos dejado de hablar, casualidad o no, cuando Maximiliano Rusconi asumió su defensa. Actualmente, el ex abogado de Carlos Menem, no lo representa en la causa conocida como “la ruta del dinero K” pero sí en otras en que, paradójicamente, también tiene como cliente a otro de los procesados: El ex ministro de Planificación Federal, Julio De Vido. El ex mega ministro es uno de los mencionados en la entrevista que se grabó en el aula lindante a la biblioteca del complejo penitenciario de Ezeiza luego de arduos trámites ante el juzgado Nº7 de Sebastián Casanello, las autoridades del Servicio Penitenciario y el Ministerio de Justicia de la Nación en las que, la dirección de este portal, trabajó, durante una semana, para conseguir lo impensable. Hasta el último segundo, Báez podía arrepentirse. Estuvo a punto de hacerlo.

¿Por qué habló ahora? Todo comenzó a gestarse el día en que Lázaro Báez leyó mi último libro “El negocio político de la obra pública”. “Díganle que habló demasiado con “rodete” –por Leonardo Fariña- y con gente que no le contó bien la historia”. Uno de los pocos amigos que Báez escucha con atención y al que recibe, todas las semanas, en el gimnasio del módulo 6  D, cada miércoles y sábado –días de visita- desde abril del 2016, fue quien le llevó el libro, interesado en su opinión. “Quiero un derecho a réplica”, fue el mensaje de Báez. Hacía seis meses que este periodista hablaba con su confidente consejero y amigo. A comienzos de noviembre, volví a escuchar el mensaje de una voz femenina proveniente de un número privado: “Esta llamada proviene de un establecimiento penitenciario”. “¿Cómo anda Don Luis? Soy Lázaro”. La única condición que puso el entrevistado antes de hablar ante las cámaras de Infobae fue que leyera el expediente. Fueron semanas de lectura mientras lo visitaba todos los sábados en el penal de Ezeiza luego de hacer, como el resto de los visitantes, horas de cola bajo el sol, cumplir con las requisas correspondientes y no perder la paciencia ante la posibilidad de concretar una entrevista en la que había demasiados interesados en tumbarla. No sólo en el kirchnerismo, en los pasillos de Comodoro Py y en el actual gobierno. Su testimonio podría incomodar a poderosos de ayer, hoy y siempre.

Luego de la entrevista, la cámara se apaga, los micrófonos se guardan y el reflector deja de aumentar, aún más, la temperatura del ambiente. El personal del servicio penitenciario se acerca al titular de Austral Construcciones para pedirle que apoye sus manos contra la pared. Segundos antes de que lo palpen, Báez me mira de costado: “Esto es el comienzo, la próxima estaré más relajado. No me crea a mí sino al expediente”. Horas después, recibo una nueva llamada desde un número privado. En el pabellón todos se preguntan qué dijo, con quién y por qué habló, el empresario símbolo de la corrupción K: “Me rompí el culo en la empresa, si era el testaferro de Néstor le pedía un banco o las fichitas”, insiste el entrevistado en un tono más informal.

Las razones

A casi dos años de su detención -que el entrevistado considera injusta- y, ante la sospecha de que Cristina Kirchner ya sea parte del pasado, Báez comenzó a romper el silencio. “Es que se metieron con la familia. Eso es duro, lo más duro” repite dos días después de la entrevista, cara a cara, en el SUM del módulo 6 D mientras ceba un mate. En otra mesa, cerca de nosotros, conversa Daniel Pérez Gadín con su hijo. A su izquierda, “Pata” Medina recibe a una nutrida y ruidosa visita. Afuera, Mónica García de la Fuente, la novia de Amado Boudou, embarazada de mellizos, aguarda el colectivo que nos transportará a la salida del penal, como el resto de los mortales. José Francisco López se ríe de un chiste que le acaba de contar un visitante. “Terminó la visita” grita un uniformado. Nadie se queja. Los presos saludan, abrazan a sus amigos y familiares, agradecen las provisiones –facturas, milanesas, frutas, verduras y bebidas- que les trajeron y se preparan para regresar a sus celdas. Han pasado otro rutinario día entre muros. Uno más. O uno menos. 

 

VIDEO Y NOTA. Publicada originalmente por Infobae.

 

Fuente: Infobae

Por Luis Gasulla

@luisgasulla

 

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