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En la foto: Hebe de Bonafini junto a su secretaria, Sofía Quiñones, el día que huyó de una declaración ante un juez federal.

 

 

“No cumplimos la ley pero somos legítimas”, Hebe de Bonafini, año 2005, ante el reclamo de inspectores municipales de Aníbal Ibarra.

 

Desde el 20 de junio del 2017, día en que el juez Fernando Perillo, decretó la quiebra de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini ordenó dejar de pagar las expensas de dos propiedades ubicadas en Hipólito Yrigoyen 1432 y 1442. En Enero de este año, la deuda ascendía a $ 362.536,30 según la documentación que accedió Periodismo y Punto. Ambos departamentos representan el 25% de los metros cuadrados de la antigua propiedad ubicada frente a la Plaza de los Dos Congresos. Los mismos tienen entrada independiente y se comunican internamente.

 

 

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Se trata de dos departamentos ubicados en el barrio de Congreso de 361 metros cuadrados, uno de ellos, y otro de 348 situado en Hipólito Yrigoyen 1442.

Durante el año 2016, al segundo de los departamentos lo alquiló otra Fundación a través de la Asociación de Locatarios Comerciales e Industriales de Ferrocarriles Argentinos. Lo que les llamó la atención a los vecinos es que, al igual que el departamento principal, tampoco pagó las expensas con los nuevos inquilinos. Pero la sorpresa fue mayor cuando se enteraron que la persona que habitaba ese departamento era Sofía Quiñones, la secretaria personal e histórica de Hebe de Bonafini. En el contrato de locación, el teléfono que informó la extraña Fundación que tampoco paga las expensas, es el de la Fundación Madres de Plaza de Mayo.

 

El contrato se celebró semanas antes de la quiebra firmada por el juez Fernando Perillo. “Como no pagan nunca, nos aumentaron a todos los vecinos las expensas” se queja una vecina a PeriodismoyPunto. Las expensas que debería pagar Bonafini y su secretaria es de 5733 pesos mensuales más un pago extraordinario que tuvieron que realizar los vecinos por un corte de gas y por las refacciones derivadas del arreglo. “Es insólito que la Fundación no pague ni siquiera las expensas y que, la secretaria de Bonafini, tampoco lo haga” señala otra vecina que prefiere el anonimato. Desde la inmobiliaria SaintGenez admiten que los vecinos de la propiedad no están contentos.

La situación económica de la Fundación Madres de Plaza de Mayo siempre fue anormal. Durante la gestión de Sergio Schoklender como apoderado, relatan los vecinos, se pagaron las expensas. Sin embargo, otra vecina recuerda su encuentro con Bonafini a comienzos del año 2004 en los albores del kirchnerismo. 

Envalentonada por sus coincidencias políticas con la Madre de Plaza de Mayo y su simpatía con el flamante presidente Néstor Kirchner, la vecina de Hipólito Yrigoyen le preguntó a Bonafini si podía regularizar la situación con el consorcio. Las bellas palabras introductorias no sedujeron a Hebe: “Nosotras no estamos para pelotudeces, la plata que vos me reclamas la gastamos para contarle al mundo nuestra verdad y buscar a nuestros hijos”. La vecina que, años después, consiguió que su hija trabajase cerca de un ex ministro kirchnerista, nunca comprendió qué tenía que ver una cosa con la otra.

Hoy, la Fundación de Bonafini se niega a pagarles a los ex trabajadores de Sueños Compartidos que han reclamado sus deudas en la justicia. Es el caso de Luis Aranda o de Miguel Ángel Benítez que reclama 123.678 pesos por cargas sociales mal liquidadas. Su síndico, que interviene en la Fundación pues la Universidad Popular de las Madres recibe fondos públicos, intenta regularizar la situación.

Los históricos trabajadores y docentes de la Universidad se han alejado ante la falta de pagos y los contratos basura. En uno de los departamentos ubicados en Yrigoyen 1432, propiedad de la Fundación, actualmente, funciona como si fuese un depósito de la Universidad. Allí se almacenan pupitres, escritorios, sillas y computadoras. En la otra propiedad–los dos representan el 25% de los metros cuadrados del edificio de 28 departamentos- la secretaria personal de Bonafini tampoco paga sus expensas ni el cableoperador. Es la casa que utilizó Bonafini para pasar sus noches hasta finales del 2001, época de esplendor de la Universidad cuando la presidía Vicente Zito Lema. “Para evitar los viajes diarios a la ciudad de La Plata, Hebe se quedaba en ese depto” recuerda una ex empleada de la Fundación. En esa época se instaló una bomba casera de agua en la entrada del edificio y se ampliaron las instalaciones. La municipalidad miró para otro lado.

A comienzos del 2018, los vecinos de Congreso no comprenden cómo nadie se anima a reclamarle las expensas adeudadas a Bonafini que, no las paga, como si se tratase de otro acto revolucionario.

 

 

Por Luis Gasulla

@luisgasulla

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