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El rostro joven y - casi - perfecto de Carlos Robledo Puch, el asesino múltiple más famoso de toda la historia criminal Argentina, nos da miedo porque encierra lo inexplicable. Ningún ángel mata y  si lo hace nos sorprende de una forma difícil de soportar. Los monstruos no son de verdad, pero existen. 

Y no se puede escapar del miedo: Robledo Puch, "al ángel negro", mató - como Nahir a Fernando Pastorizzo - por la espalda o cuando sus víctimas dormían, desguarnecidas. Las acribilló: murieron sin despertar. Cuándo se le preguntó por qué les disparó, por ejemplo, a un sereno que dormía plácidamente en un comercio a punto de ser asaltado, respondió, parafraseando al homicida: ¿y qué querían, que lo despierte?.

La mente criminal tiene explicación con adecuadas pericias psiquiátricas para poder comprender sus actos. Pero para la mayoría del resto de los ´mortales´ sería una tarea equivalente a descifrar jeroglíficos egipcios  sin herramientas conceptuales. Seguro nos quedaríamos atados, aún sin quererlo, a una visión "lombrosiana". Césare Lombroso fue un médico y criminólogo italiano del siglo XIX que desarrolló una tentadora teoría que permitía identificar a posible delincuentes por sus rasgos físicos. Era la teoría del criminal nato y nos podía salvar: sólo con ver a alguien podíamos saber si era un asesino. Presentaba asimetrías en el rostro y cráneo de apariencia irregular, con una frente chata. Orejas grandes y brazos más largos de los habitual. Mayor fuerza en el lado izquierdo del cuerpo. Vista aguda. Menor sensibilidad al dolor y al tacto.

Lombroso no conoció a Robledo Puch ni a Nahir Galarza, le hubiesen hecho notar que estaba equivocado. Era peor aún: una cara sin asimetrías aparentes también nos puede provocar la peor de las pesadillas. Aún contra una evidencia científica que indica que en los rostros con tamaños proporcionados sentimos inconscientemente una atracción porque nos puede revelar buenas condiciones de salud. Así como de forma inconsciente - o conciente - escapamos del peligro. Los miedos más lejanos y primitivos aparecen: la tripofobia es repulsión a ver pequeños agujeros agrupados. Una posible explicación es que fue la forma de defensa de nuestros ancestros al aspecto de algunos animales venenosos, como los pulpos de anillos azules o sapos venenosos.

 

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Carlos R. Puch. Recluido hasta la fecha.

 

Está en nuestra naturaleza. Pero estos criminales rompen todos los moldes: Nahir, la joven de 19 años de Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos, no nos ofrece ni el más mínimo aviso para matar. Y lo necesitamos. Pero no lo tenemos. Mientras viaja en la moto con Fernando, la persona con la que supuestamente compartía un vínculo sentimental, le dispara a traición por la espalda con el arma de su padre policía. Lo ejecuta, ya en el piso moribundo, con el tiro de gracia. Después recrea como artista de Hollywood una historia de violencia de género que el tribunal no creyó. 

Nahir mata como en los filmes de terror, sin defensa y en el peor momento, a veces el más íntimo. Durmiendo, en la ducha, sin ropa o teniendo sexo, como el emblemático homicida de la máscara de hockey - Jason - que insiste en clavar sus cuchillos a jóvenes adolescentes mientras justamente "hacen el amor" o se bañan. No hay algo peor: si nos dieran chances de guionar nuestras pesadillas, ellos, estos criminales de carne y hueso, ahí estarían.

Y quedan en la memoria colectiva: no nos atrevemos a soltarlos. Robledo Puch cumple una pena perpetua, es que de forma perpetua queremos alejar nuestros temores. Cuándo fue condenado dijo que al recuperar la libertad los "mataría a todos": aún sigue preso, acaso, por las dudas y para asegurarse que no cumpla con su demente promesa.

Alfredo Astiz nació en la ciudad argentina de Mar del Plata en 1951. El contraste de su rostro inocente y su despiadado trato con sus víctimas lo transformó en el terrorífico "Ángel de la muerte". Se infiltró entre las Madres de Plaza de Mayo que se estaban organizando - en los ´70 - para buscar a los familiares desaparecidos por la última dictadura militar. Entregó a sus víctimas, las traicionó, mató y torturó. Es un símbolo del terrorismo de Estado. Su rostro algo aniñado le sirvió para tareas de inteligencia: el Astiz actual guarda una mirada inquietante que estremecería al mismo Lombroso.

 

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Astiz, de joven. Entrenado para matar.

 

Otro ángel que mutó a demonio. 

No se arrepienten, nunca. En realidad no necesitan hacerlo. Lo necesitamos nosotros. Buscar el mínimo gesto de arrepentimiento parece que nos da alivio, pero ni siquiera existe esa gota de agua en el desierto. 

Nahir mató a Fernando y escribió en su red social Instagram "te amo para siempre". En las horas previas Fernando había intentado dar por finalizada la relación. Nahir, en su universo enfermizo, deseó tener para siempre aquello que  no podía tener y la muerte era lo único que podía lograr dicho objetivo. Aunque en esa eternidad quedó atrapada: es la asesina más joven condenada a cadena perpetua.

Están ahí. Sentimos el temor a lo que no podemos explicar o detener. Como en los peores sueños. Y no los podemos encerrar: siempre vuelven por nosotros.

 

 

"Mi madre siempre me dijo que no había monstruos. No de verdad. Pero existen".

Frase película Aliens el regreso (1987).

 

 Sebastián Turtora

@sebiturtora

 

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