Perdimos todos, eso ya lo sabemos, fueron doce años de despilfarro energético, sin inversiones y sin pedido de cuentas a las empresas que monopolizan servicios básicos para la vida como el agua, la electricidad y el gas. Todos somos conscientes del atraso tarifario, de la necesidad de ir actualizándolo y que demagógicamente no se hizo en la década ganada, ganada para ellos, los que se fueron. Nos encontramos hoy enfrascados en una lucha que ahonda la grieta, por algo tan insignificante, que era inimaginable. El hermoso festejo del Bicentenario solo cerró divisiones por uno o dos días. Algo tan nimio como el consumo de gas, ha sumado nuevas grietas, a la ya existente, entre los propios votantes de Mauricio Macri que agitan las redes sociales. La culpa que se intenta generar al que piensa que planificar la escala de aumentos correctamente y explicar la estructura de costos hubiese sido lo ideal, es hasta desde el mismo gobierno, agresiva y generadora de esa nueva grieta. La falta de preparación y previsión de las consecuencias del tarifazo de la gestión Macri preocupan.

Muchos de los que votamos un cambio, hemos pensado en la responsabilidad, una responsabilidad que no estaríamos encontrando en algunas medidas del gobierno, y en sus fanáticos seguidores. Esos que no admiten ni la más mínima crítica, porque no saben de crítica constructiva y de cómo eso, abona la libertad.

La calle, que debería ser el termómetro del gobierno, es más consciente, no son millonarios con calderas y piletas climatizadas los que se quejan por las subas salvajes. En algunos casos, son los que pagan el costo de la década perdida, la clase media, para quiénes no se ha tomado ni una sola medida que los beneficie. Si vamos a los salarios, los últimos aumentos, y aun escalonados, han vuelto a poner a los que ganan por encima de treinta mil pesos, en la sangría del impuesto a las ganancias, promesa de campaña que “no se pudo cumplir” por el estado del Estado. Aunque si se liberó a las mineras de esa retención, para incentivar la inversión que no ocurrió. Respecto de la energía, tres de las mineras más grandes que operan en el país, consumen solas, la producción de Atucha.

 

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Respecto del fracking, no es la solución a la falta de energía, ni ayuda al medio ambiente, todo lo contrario, a pesar del anuncio de Marcos Peña. El frackingo fractura hidráulica es una forma de obtener hidrocarburos, gas y petróleo, cuando están embebidos en formaciones de esquisto o de pizarra. Para ello es necesario inyectar enormes cantidades de agua con unas 200 sustancias de diverso tipo, muchas de ellas tóxicas. Esta técnica conlleva la realización de perforación horizontal y, a menudo, de pequeñas explosiones a lo largo de la perforación. No podremos explotar vaca muerta sin inversiones, y no hay inversiones porque no tenemos energía.

Volviendo a las tarifas de gas, los usuarios, cautivos de empresas que brindan el servicio sin que podamos optar, abusan de su condición sin explicar en qué se invierte el dinero que pagamos. Tampoco el gobierno lo ha exigido hasta ahora, ya que los aumentos regirán retroactivos al 1 de abril, según lo enunciado por el Ministro Aranguren, y la audiencia pública será en Octubre.

La ley obliga a la convocatoria de audiencias públicas, y aunque no son vinculantes, sirven para saber y auditar que hacen las empresas con nuestro dinero. Las asociaciones de consumidores las reclaman, y son ellos los que defienden nuestros intereses. Lógico hubiese sido que esta audiencia, sea antes de los aumentos, ¿o será que luego de ella habrá otros? Nadie lo aclara.

Las facturas, en este caso que ha generado una galleta de la que al gobierno le resultara difícil salir indemne, tienen varios componentes. Se deben evaluar, zonas, metros cubiertos de las casas, el precio de ese metro cubierto según la ubicación, categorías por consumo, impuestos municipales y provinciales que vienen atados a las facturas y que abultan sustancialmente los importes. Muchos intendentes se financian con los impuestos que se cobran en los servicios.

Nada de esto ha sido evaluado. La única medida al respecto fue la del Intendente de Córdoba, Ramón Mestre, que eliminó de la factura de gas de los cordobeses de Capital el impuesto que percibía el municipio en la factura a cuenta de futuras obras de redes de gas. Para paliar la suba.

Tampoco explicaron en 12 años las empresas, y ahora tampoco, qué pagamos en cada factura en concepto de producción o importación, regasificación o transporte y distribución a la red, esto es lo que llega a cada hogar. Seguimos pagando a ciegas. Y los hacemos a empresas que han recibido subsidios millonarios durante los últimos años, sin exponer a dónde fue a parar ese dinero, que como los del revoleo, el de las supuestas bóvedas, el de la rosadita, también es nuestro. Y ha sido robado también, de manera más sofisticada y con un viso legal.

Respecto de las zonas urbanas, urbano marginales, rurales con conexiones a la red de gas, tampoco se ha evaluado nada. Vivir en una zona urbana - marginal no es lo mismo que vivir en una zona residencial de ciudad, ni en una zona cuasi rural, donde la opción de la leña para una sola estufa tiene un costo de tres mil pesos la tonelada, y dura poco más de un mes. A no ser, que desde la falta de conocimiento piensen que la gente anda con una moto sierra en la mano talando cuanta especie tiene cerca de su casa. Tomarse la molestia de hacer un análisis profundo, sería lo que un gobierno en manos de profesionales, debió hacer.

Los ejemplos en la calle cunden, gente con una cocina, un calefactor y un calefón, recibieron facturas en Córdoba que pasaron de ochocientos pesos a siente mil. Porque en esta provincia, jamás nadie pago ni veinte pesos, ni cien ni siquiera doscientos, pero el aumento se aplico igual que al ciudadano de Puerto Madero, que si andaba en “ patas y mangas cortas” y pagaba veinte pesos. Y no es esta una lucha de resentimientos ni de unitarios y federales, es una realidad a señalar. Seguimos sin recibir explicaciones, ni que nos rindan cuenta, el discurso de la culpa del gobierno anterior vale, pero la improvisación y la falta de análisis no tienen justificativo. Quejarse o pretender una evaluación justa, hoy nos convierte en golpistas, en terroristas que queremos desestabilizar un nuevo gobierno que sale a decir a través de sus ministros: “también está aprendiendo”.

Algo no está bien cuando en un país donde el 60 % de la gente gana menos de diez mil pesos, una porción de esa masa recibe facturas que se acercan bastante a ese ingreso. Y sólo de un servicio, no se suma electricidad, agua, teléfonos, y los sistemáticos aumentos de los productos de la canasta básica. El que juzga al que demanda explicaciones debe analizar todas estas cuestiones, sabemos que no tenemos gas, pero ante esa coyuntura deben aparecer las soluciones coherentes.

No parece que lo sea el tope de 400 por ciento para todos, vivan donde vivan y consuman lo que consuman, esto generara nuevos problemas, sin dudas. Porque los que ayer culpaban al que tiene celular de no poder quejarse de una suma imposible de pagar de gas, hoy se quejan de que pagarán los mismo que Malena Massa, aunque ella hubiese andado en “ patas y mangas cortas” los dos meses mas fríos de los últimos sesenta años.

Las cautelares siguen vigentes y la Corte Suprema pidió que se aporten datos sobre cómo fueron los inexplicables cálculos de los montos del tarifazo.

Pretender prolijidad, no conformarse con “son mejores que los anteriores” aunque hagan algunas cosas mal, a muchos argentinos no nos conforma, por el contrario, nos sentimos condenados a la mediocridad.

 

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Que no tiene sentimientos: es insensible al sufrimiento humano.

 

Alicia Panero

 

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