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Escribe Lucía Tort Oribe Especial PeriodismoyPunto

"Adiós, querida", ¿Cuánto nos costará el divorcio?

El proceso de destitución que a partir del lunes pondría fin al gobierno de Dilma Rouseff, podría generar un impacto negativo en el balance comercial con la Argentina.

"Yo apelaría a lacláusula democráticasi existe, desde ahora en adelante, una ruptura de lo que considero el proceso democrático", dijo Rousseff a la agencia Reuers, en el marco de la firma del Acuerdo de París contra el Cambio Climático, que reunió el último viernes a jefes de Estado y representantes de 171 países en la sede de la ONU en Nueva York.

La mandataria se refirió al Protocolo de Ushuaia sobre Compromiso Democrático en el Mercosur, firmado en julio de 1998, que establece en su artículo 1° que "la plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración de los Estados Parte". El texto prevé - en su artículo 5°- la posibilidad de suspender a un país socio en el bloque y la aplicación de sanciones comerciales o el cierre de fronteras en caso de ruptura del orden democrático.

¿Hacia a dónde apunta la estrategia de Dilma? Su situación es comprometida. La semana pasada, la Cámara Baja votó con una mayoría de 367 diputados - de un total de 513 escaños- a favor del impachment. Ahora, la decisión de someterla a de juicio político quedó en manos del Senado; y está en poder de la Cámara Alta - que le dará tratamiento a partir del lunes- destituir o no a la presidenta, salpicada de corrupción y acusada de evadir normas fiscales.

En concreto, pesa sobre su cabeza la denuncia de alterar índices durante el 2014 y 2015, modificar presupuestos mediante decretos y contraer deuda con la banca púbica,  para que el déficit fiscal no afectara su campaña de reelección presidencial. La investigación en la que Dilma es mencionada está encuadrada dentro del contexto del Lava Jato y afecta de modo transversal a la cúpula del Partido de los Trabajadores (PT) y a la de sus principales aliados - el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y el Partido Progresista (PP)- acusados de participar en una asociación ilícita para desviar fondos de Petrobras en beneficio personal y partidario.

Políticamente debilitada en el plano doméstico, Rouseff dio un "manotazo de ahogado" y buscó - sin éxito- refugio en su padrino político, Lula. Sin embargo, tras conocerse la decisión de la máxima Corte de suspender el nombramiento del ex presidente como Jefe de Gabinete - también implicado en la causa-, y con las vías de negociación internas clausuradas por una imagen pública deteriorada y un alto nivel de exposición, la presidenta decidió replicar el discurso utilizado por Fernando Collor de Mello en 1992. Ahora, se centra en obtener consenso internacional reforzando la idea de un golpe de Estado liderado por el arco opositor; explicación que encontró eco en el eje bolivariano conformado por Ecuador, Venezuela y Bolivia, y en la solidaridad de Nicolás Maduro: "El golpe de Estado de Brasil es una amenaza para toda América".

 En vista de que preside el Mercosur y la Unión de Naciones Sudamericanas - Unasur-, Uruguay impulsó una declaración a favor de Dilma a mediados de marzo. Pero el texto no fue aprobado por algunos miembros como Chile, Colombia y Paraguay.

 También, el gobierno de Tabaré Vásquez manifestó su preocupación: "Uruguay expresa su confianza en los procesos políticos y jurisdiccionales en Brasil, que aún no han concluido, se desarrollen en el marco de la Constitución y de los valores democráticos que la inspiran y con la correcta utilización de esas herramientas", concluyó un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores.

 Complicidad, no. Si bien la canciller Susana Malcorra hizo explícito el apoyo a Dilma, dejó en claro la posición argentina al expresar que el juicio político es una facultad constitucional.

Una lectura - a priori- del caos social y económico en los que están sumergidos Brasil y Venezuela, establecería que hay cierto rédito político para la Argentina. La posición de Mauricio Macri como referente regional ante la mirada de Estados Unidos y la Unión Europea es indiscutible. Sin embargo, de legitimarse el argumento del "golpe institucional" que esgriman desde el Palacio del Planalto, las consecuencias de un bloqueo comercial a Brasil causarían efectos económicos negativos para la región.

Para la Argentina la crisis brasilera no es tangencial: la suspensión de su principal socio dentro del bloque significaría una merma en las exportaciones, que disminuyeron en 2015 en un 23 por ciento. En este sentido y, dado el nivel de integración, el impacto de un posible bloqueo podría ser fuerte para la economía nacional, cuyo comercio exterior depende en un 40 por ciento del balance comercial con el país vecino.    

Por Lucía Tort Oribe

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