03 nenLa directora del Jardín del hijo de un amigo no pudo festejar el triunfo de Cambiemos. Hoy temprano recibió el llamado de Vane, seño de la Sala de 5. “Los chicos lloran porque ganó Macri” le dijo a la directora que no salía de su asombro. “Les tuve que explicar que a veces se gana y otras se pierde, que en democracia hay alternancia”. “Mi abuela casi se muere cuando vio que ganaba Macri en TV”, me dijo un amigo chaqueño, “es que cree que le van a sacar la jubilación”.

Hoy más que nunca, decía un ex compañero de aventuras hoy embarcado en la locura kirchnerista, “hoy más que nunca hay que resistir en las calles”.

Del “con la democracia no se jode” pasamos a la cultura del aguante. No reconocen, al gobierno que asumirá el 10 de diciembre, como democrático. Es un juego peligroso el que están jugando los fanáticos kirchneristas.

En un patio de la escuela primaria de mi hija, los chicos se enojan con el que piensa distinto. No por una banda de rock o un equipo de fútbol. Por un partido político. “Me dijo mi papá que Macri va a cerrar el colegio y no vamos a tener más nada para comer” le dijeron a una nena de 8 años en su colegio.

En los barrios más humildes, la cultura del miedo caló hondo. Scioli o Muerte.

Los imperdonables no tienen problemas en subir a la web un video de sus hijos o primos llorando un posible gobierno de Cambiemos o mandar a sus pequeños a escupir carteles con fotos de periodistas en Plaza de Mayo.

Los imperdonables no creen en la democracia. Creen que la democracia son ellos. Nada más. Punto. No sólo temen quedarse con los beneficios obtenidos durante la década ganada sino alejarse de esa nube de pedos que es el poder. Creen que desde el poder político se cuestione el relato, la verdad histórica, sus creencias.

Ya lo dijo Pilar Rahola para interpretar los ataques terroristas en París, Francia: “No es una cuestión religiosa sino ideológica”. El kirchnerismo parece una religión pero es una ideología totalitaria y, dentro de su lógica, no se permiten ni el disenso ni la crítica. El crítico es un traidor. El traidor no es la patria. El antipatria debe desaparecer, en estos tiempos, simbólicamente. Si la resistencia hubiese sido violenta, el ataque hubiese sido letal y físico. Para muestra hay un Nisman.

Los imperdonables quisieron arruinar la fiesta de anoche. Lo hicieron parcialmente. El grueso de la sociedad que votó a Cambiemos aún teme festejar. El miedo se instaló anoche con un recuento de votos extraño, singular, único en el mundo. Mientras que Macri bajaba Scioli subía, a pesar de haber reconocido su derrota, abultada según C5N. Medios marginales relataron cómo le robarían 3 a 6 puntos a Cambiemos. No era lo mismo ganar por 10 que por 3. Condicionar al gobierno próximo era la meta.

Los imperdonables quisieron ganar como sea. Esta mañana Aníbal Fernández habló de empate. No saben reconocer una derrota. No entra en su vocabulario. Raro empate que uno se quedó con el poder político, los cargos y los ministerios y el otro se fue a su casa.
¿Qué hará el próximo gobierno con los Imperdonables?
Por Luis Gasulla

01 atentado

Los brutales ataques en 7 diferentes puntos de la ciudad de París, Francia, configuran un hecho que ya es rasgo de época. ¿De qué época?. El atentado en directo y por la TV a las Torres Gemelas en EEUU, el 11 de Septiembre de 2001, se puede considerar el día que cambió el mundo: terrorismo y una nueva forma de guerra, crisis global, armas de destrucción masiva perfeccionadas, drones, tecnología militar superior y extremismos religiosos.
El planeta se transformó en lo que siempre supimos que era, pero ahora con la reafirmación más contundente de todos los tiempos. Sin embargo, la historia tiene siempre una versión oficial y aceptada, y otra escondida, oculta, compleja e inexplicable. Si bien Internet y las redes sociales contribuyen a acceder a otra información, vedada por las potencias occidentales o el sistema dominante, el terrorismo del siglo XXI tiene víctimas olvidadas. No existe - casi - ninguna repercusión mediática o impacto mundial para ellas.

Abril de 2015. Un grupo armado yihadista acribilló a balazos a 148 estudiantes de la Universidad de Garissa, en Kenia, cerca de la frontera con Somalia. No tuvo el mismo efecto que hacía unos meses había generado el violento ataque , en Enero de 2015, a la revista francesa Charlie Hebdo, cuando un grupo de terroristas ingresaron a su redacción para disparar contra todo lo que se cruzaba por su camino. Resultado fatal: 12 muertos.

Septiembre de 2015. Nigeria, castigada por una incesante ola de terror en los últimos tiempos, no ocupa la primer plana de los diarios mundiales, al menos con frecuencia. Más de 200 víctimas deja el espiral de barbarie adjudicado al grupo extremista de Boko Haram. En Septiembre de este año, al menos 52 personas murieron en atentados múltiples en la ciudad de Maiduguri. Sin embargo, ningún usuario de Facebook pintó su perfil de verde y blanco, como sucede ahora en la popular red social con la bandera francesa en apoyo a los difíciles momentos que vive su comunidad.

La silenciosa guerra de los Drones. La muerte a control remoto, en la era de la tecnología, se produce sin ni siquiera saber la cantidad de víctimas. Aviones no tripulados de EEUU bombardean países como Yemen o Pakistán, registrando víctimas civiles que no entran en la estadística oficial, admitido directamente por la Casa Blanca. Los vehículos aéreos no tripulados generan debate pero su uso es cada vez mayor.
En Yemen, a principios de 2015, se produjo un ataque suicida en dos mezquitas situadas en su Capital, Saná. Al menos 142 muertos, hecho reivindicado por el Estado Islámico (ISIS).
No se trata de justificar ningún acto criminal, cualquiera sea su motivación y origen. Se trata de entender el fenómeno en su totalidad, su causas. La política exterior de potencias como EEUU o Francia tendrían que entrar en el cuestionamiento.
Las historias detrás de las historias oficiales. Cualquier ciudadano en cualquier lado, podría decir quién fue Adolf Hitler, pero muy pocos podrían contestar quién fue Ishii Shiro, microbiólogo y militar japonés que durante la Segunda Guerra Mundial ejecutó, junto con su escuadrón, experimentos con seres humanos, vivisección y pruebas con armas biológicas. EEUU se interesó por sus avances científicos y jamás fue juzgado, a cambio de colaboración para armas futuras. Estados Unidos, los mismos que hoy, junto a Francia, dirán que una vez más saldrán a luchar por el mundo libre.

Por Sebastián Turtora

@Sebiturtora

Co-conductor de Ahora es Nuestra la Ciudad

Especial para Periodismo y Punto

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En medio de la campaña electoral más sucia y mentirosa de la historia reciente argentina, el kirchnerismo se quedó sin propuestas y apeló al miedo. El terror del oficialismo a perder los privilegios de la oligarquía política y el debate sobre la supuesta lucha del kirchnerismo al neoliberalismo.
“Si gana Macri tus hijos no van a tener educación, ni salud, vamos a volver a los noventa, porque si gana Macri…” El joven militante de La Cámpora repartía folletos en una esquina de Villa Luro titulado “Tus derechos o Macri. Scioli Presidente”. Repetía como loro consignas infantiles sobre lo que pasó y pasará en la Argentina. Cuando apeló al golpe bajo de señalar a mis hijos le pedí respetuosamente que se callara la boca. En la puerta de mi casa me encontré con más folletos. Tras el cimbronazo de la inesperada paliza electoral y el discurso de CFK que no fue cadena, el kirchnerismo resurgió con más odio que nunca: O ganamos o ganamos.
En pocas horas, la inmensa mayoría de argentinos que no votó al kirchnerismo aguantó una feroz campaña mediática y callejera financiada por todos y todas. También soportó, entre sus propios familiares y amigos, como si fuesen una secta, reproches y chicanas par bancar el “proyecto” (el de quedarse en el poder, mantener sus cargos, beneficios y secretarias). Durante una década mi madre nos pidió, a mis hermanos y a mí, que no discutiésemos de política. Así lo hicimos. Ni siquiera la alegría de publicar un libro sobre el kirchnerismo y sus negociados se pudo discutir en su casa para no herir susceptibilidades. El domingo pasado, la costumbre se rompió. Un rosario de insultos y críticas a Macri soportamos en la comida familiar por parte del único integrante que apoya al “modelo”. Las reglas están para romperse.

vivi90“Estos años me compré dos aires ¡dos aires! ¡Y me los dio Cristina! ¿Cuántos viajes hiciste gracias a la Presidenta?, me gritaba un compañero de trabajo indignado tras mi confesión de que, efectivamente, había votado a Cambiemos. Su supuesta bronca confirmaba que, a pesar del relato, los kirchneristas también quieren vivir bien, viajar por el mundo y comprarse aires acondicionados (eso sí, utilizándolos con mesura, porque así lo señaló su Reina).
La estrategia del miedo y la victimización da para todo. Una niña llora porque ganará Macri. Su madre la consuela argumentando que atentarán contra un gobierno democrático porque no es el que ellos consideran legítimo. Los “perseguidos” del mañana abren el paraguas y frivolizan el exilio: “Me iré del país si gana Macri” denuncia el cantante de un grupo de rock amigo de Amado Boudou que no se escandalizó por Ciccone ni Milani. Pablo Echarri nos recuerda que resistió a la dictadura –en pañales- y también al neoliberalismo. Como si se tratase de un Juan Cabandié esquivando una multa porque se bancó la dictadura, nos enteramos que el marido de Nancy Duplaá estuvo prohibido durante el menemismo.
Pero ¿cuántos personajes que hoy aseguran que Macri regresará a los noventa combatieron realmente al menemismo? Con la excepción de Hebe de Bonafini –es justo decirlo- ninguno de los que se llenan la boca hablando del neoliberalismo hizo nada por evitarlo.
Aquellos años felices.
Los noventa fueron los años en que Marcelo Araujo relataba los partidos de fútbol desde Canal 7. Como lo haría con Néstor pero… en la TV Pública, o sea el 7. En los ´90 Moria Casan se metía en la cama con los funcionarios del patilludo presidente como ahora se mete en los actos de La Cámpora. Durante el neoliberalismo, Víctor Hugo cantaba los goles y sólo hablaba de política para denunciar a Magnetto. Ahora canta las virtudes del modelo y sigue denunciando al CEO de Clarín. En los ´90, Fito Páez le cantaba al amor después del amor y despolitizaba sus canciones. No le daba tanto asco el votante ni tampoco la corrupción. Como ahora. No había relatores militantes ni Brancatellis. Estaba Bernardo Neustadt pidiendo que, en caso de robar, los funcionarios lo hiciesen sin que se note. Orlando Barone tenía trabajo en un diario como La Nación e Ignacio Copani nos escupía cuántas minas tenía. No parecía un tipo desdichado. Marcelo Tinelli recibía al presidente en su programa. Lo hacía quedar rubio y con ojos celestes como ahora intenta hacer con el motonauta más famoso. Daniel Scioli ganaba carreras sin contrincantes y su lanzamiento a la política era auspiciado por un tal Carlos Saúl Menem. El riojano visitaba Santa Cruz y Néstor Kirchner decía que era el presidente que más había hecho por la Patagonia en la historia. Su esposa, una tal Cristina, elogiaba las políticas de Domingo Cavallo. No en 1990. En el 2000, también. Los docentes levantaban una carpa y salían en canal 13 como los Qom del presente. Norma Plá hacía llorar a un ministro y se moría luchando en la calle. Hoy la Presidenta recibe a los familiares de las víctimas de la tragedia de Once y les miente en la cara. La humanidad pasó de moda. El llanto es sólo por Él.

0190yEstela de Carlotto amagaba con denunciar los indultos pero terminaba arreglando con Menem la creación del CONADI con su hija Claudia al frente del organismo. Corría 1992 y la lucha por los derechos humanos no era una cuestión de vida o muerte: los represores estaban libres, eran mucho más jóvenes y peligrosos. Sólo HIJOS levantaba la voz. Camilo García se preparaba para contar chismes y se preparaba, lentamente, para defender al futuro “proyecto nacional y popular”. Miguel Ángel Pichetto era de derecha y no un revolucionario. Jorge Milton Capitanich empezaba a hacer negocios privados desde la función pública en el banco de Formosa con un joven Axel Kicillof. Oyarbide hacía de las suyas en Spartacus y Diego Armando Maradona descorchaba champagne con Menem y su amigo Guillermo Coppola. Charly le tocaba al piano al poder, ayer Carlos, mañana Néstor. Alberto Nisman se iniciaba en la justicia. Vivía.
Daniel Scioli asumía como diputado por el menemismo. La década se iba y el futuro hombre naranja defendía la privatización de YPF. Cada mes cobraba una jugosa pauta publicitaria de la empresa energética a través de los servicios de inteligencia. Había corrupción, impunidad e injusticia. Los dirigentes ingresaban a la función pública pobres y se iban ricos. La cadena de la felicidad deambulaba en el periodismo como la pauta publicitaria actual. El dueño de la Ferrari roja que todos deseaban era el mismísimo Presidente y a los “progres” que hoy denuncian que Macri rifará el país, les causaba gracia. Hoy se callan con Chevron, las mineras como la Barrick y los chinos en el sur. Queda poco por vender.
Cuando la década menemista se moría y gran parte de la clase media salía, en silencio, a pedir un cambio (allá por 1998), el riojano apelaba al miedo: “Soy yo o el caos”. La historia se repite. El kirchnerismo reinventó la historia para asegurarse su permanencia en el poder. Hoy no controla el presente. 1984 se termina y el miedo se rompió.
Por Luis Gasulla

Publicado en Perfil.com

023impunidad

Néstor y Cristina no fueron originales. La historia argentina está plagada de gobernantes inescrupulosos. Pero el kirchnerismo transformó a la impunidad en condición sine qua non para ejercer el poder. Lo hizo a través de discursos grandilocuentes, falsas promesas, manejo desaprensivo de los fondos públicos; incluso, en su forma de vida. En la Argentina actual nadie se sorprende de que la Presidenta explique su riqueza personal porque fue una “abogada exitosa” ni que, en una entrevista en Alemania, recuerde sus tiempos en que fue “perseguida” durante la última dictadura militar.
Cristina Fernández es capaz de dar clase de lo que es el dolor a una madre que acaba de perder a su hijo en la tragedia de Once. Lejos de exculparse ante la muerte, la tragedia anunciada de Once fue la excusa para firmar millonarios convenios de forma directa con los chinos sepultando la vieja promesa de Néstor Kirchner de reabrir los talleres ferroviarios en Tafí Viejo, Tucumán. Atrás había quedado la compra de 96 formaciones usadas a España y Portugal por 1.600 millones de pesos. En el 2013, Cristina destinó 1,5 millón de dólares por vagones que no son aptos para funcionar bajo tierra. Del soterramiento no se habló más. Tampoco se hicieron nuevos anuncios para entubar el arroyo El Gato en La Plata. A pesar de que la Presidenta les explicó a sus antiguos vecinos de Tolosa que sabía lo que era “perder todo” en la época “en que El Gato no estaba entubado”, el tiempo pasó y la situación de las 400 mil personas que viven sobre los 25 kilómetros de su cuenta, no mejoró. Las inundaciones del 2 de abril del 2013 dejaron un saldo de muertos que jamás fue aclarado. Según el juez platense, Luis Arias, el número ascendió a 89 víctimas fatales, casi el doble de las declaradas por el gobernador Daniel Scioli. La memoria, verdad y justicia se esfumaron de la ciudad de Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini. El fantasma de la explosión de la destilería de YPF en Ensenada y su relación con la fuerza de la inundación, tampoco fue investigada. Los 775 millones de pesos para entubar los arroyos que rodean a La Plata se perdieron en el camino. En cambio, el gobierno nacional destinó 847 millones de pesos en publicidad oficial de julio del 2011 a junio del año siguiente. En el país del “vale todo”, de gobernantes sin ideales y del “todo pasa”, la Presidenta es capaz de monopolizar el dolor para amortiguar las tragedias de las cuales el gobierno fue responsable.
De los aviones con cocaína de Southern Winds al auge de las pistas clandestinas, los llamados a Casa Rosada de proveedores de efedrina y el paso de Joaquín “Chapo” Guzmán por el norte argentino, el narcotráfico se instaló en la agenda mediática mientras que Jorge Capitanich negaba la producción de sustancias prohibidas en el país. Las vinculaciones entre el poder político K y los narcos comenzaron la noche del 30 de enero del 2003 en que el empresario pesquero Raúl “Cacho” Espinoza fue asesinado en la puerta de su casa en Puerto Madryn. Aportante de campaña y conocido de Julio De Vido, Espinoza amenazaba con revelar detalles del negocio a Elisa Carrió. Pero recibió el disparo letal de Juan Domingo “el bizco” Segundo. Casualmente, su hermano menor, Omar Segundo, cobraría notoriedad una década después. El monotributista era dueño de Alpesca, la pesquera más importante de la Patagonia. Lo fue hasta el 13 de junio del 2013, cuando encontraron 115 kilos de cocaína en una de sus embarcaciones. A pesar de 680 cheques rechazados, Segundo mantenía 1.200 empleados merced a sus contactos políticos. Como si fuese Hebe de Bonafini y Sergio Schoklender en Sueños Compartidos.
Los hermanos Schoklender fueron los chivos expiatorios perfectos para que el gobierno explicara el despido de 6500 trabajadores, deudas impagas y familias sin viviendas. Las consecuencias del desmadre se observaron en la toma en Lugano de este año. Pero a la Madre, se le estatizó la deuda y su Universidad. Hebe va por más y planea inaugurar la facultad de Periodismo como si nada hubiese pasado. De los 1260 millones de pesos que manejó junto con su ex hijo putativo, casi el 10% -$100.565.644,76- terminaron en misteriosas agropecuarias. Pablo Schoklender me lo explicó sin tapujos: “En lo de Greppi te hacían el servicio integral de lavado, planchado y secado de la guita”. Guillermo Greppi, supuesto dueño de la mutual Propyme es un empresario con suerte. El 19 de diciembre del 2013 levantó un teléfono y evitó un allanamiento del juez Norberto Oyarbide. Del otro lado lo atendió el nº2 de Carlos Zannini. Millones de pesos de la obra pública suelen terminar en misteriosas empresas fantasmas manejadas por jóvenes sin pasado ni futuro cuya función es prestar su nombre.
El relato K resulta paradójico: los mismos que durante años se manifestaron en contra de la criminalización de la protesta social hoy tildan de “terroristas” a díscolos piqueteros y denuncian que los sindicatos opositores son financiados por los fondos buitres. El gobierno de los “derechos humanos” no se avergüenza y toca la puerta de los cuarteles para mantenerse en pie. César Milani, el general de Cristina, es defendido a capa y espada mientras la mitad de su promoción pasa los últimos días de sus vidas en prisión por haber cometido delitos de lesa humanidad durante los ´70.
El éxito final del relato será hacernos creer que ellos no tuvieron la culpa de la dura realidad argentina. Que el deplorable estado actual de la economía, de la educación y la salud pública, la falta de viviendas, los problemas de empleo, el aumento de la desigualdad, el narcotráfico y la inseguridad, son consecuencia del capitalismo internacional, los buitres, el periodismo golpista o de nosotros mismos. La culpa sería siempre del Otro, contrariando al Julio César de Shakespeare. El tiempo y la sociedad dirán si la impunidad actual comenzará a desvanecerse cuando Cristina deje el poder. Por ahora, el kirchnerismo confía en que todo pase como si nada malo hubiese ocurrido en sus “años ganados”.
Publicado en noviembre del 2014 en el Diario La Nación
Luis Gasulla

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Editorial en Ahora es Nuestra la Ciudad del lunes 9 de noviembre del 2015 de Luis Gasulla.

Hoy te quiero hablar del día después de mañana. De cómo creemos que amanecerá la Argentina el lunes 23 o cómo nos acostaremos el día del balotaje.

Tal como indican las principales encuestadoras y la historia, el país cambiará su gobierno. Los que nos gobernaron desde hace 25 años deberán hacerse cargo, al menos esta vez, de lo que hicieron. Si Gana Macri no se producirá ningún cambio milagroso ni tampoco una hecatombe social. Lo que me preocupa es la dimensión de esa grieta que muchos niegan pero que alimentan a diario. Emerenciano Sena, un líder piquetero que curró con los derechos humanos y la construcción de viviendas en el Chaco, dijo que no permitiría que Macri pisase suelo chaqueño. Sena se casó hace 3 años. ¿Sabes quién fue su padrino de bodas? Jorge Milton Capitanich, un funcionario que cuando se lo investigó por Carbón Blanco acusó al periodismo de financiarse por el narcotráfico. No presentó una sola prueba. Sena se enfrentó duramente con Schoklender. Casi terminan a los tiros. Corría las pascuas del 2009. Sergio había ido a visitar al marginal piquetero con un grupo de barras y punteros de Ciudad Oculta. Pudo haber sido una tragedia. El propio Capitanich me lo relató dos años después en su despacho.

Hablar del negocio de los derechos humanos me costó perder amigos incluso familiares. Para matar a tu enemigo, entendido como aquel que piensa distinto, el atacante debe inventarse una forma de odiarlo. O sea, debe crearse en su cabeza un motivo para justificar lo que hará. Muchos de mis antiguos compañeros de aventuras que, durante la década ganada, se fanatizaron con vaya a saber qué revolución del kirchnerismo, especularon que me motivaba el dinero para investigar a la Fundación Madres de Plaza. Creyeron que me financiaba Videla, la oposición, la SIDE o hasta la CIA. A pesar de años de compartir vivencias, sueños, fracasos, cumpleaños y fiestas, jamás levantaron un teléfono o se tomaron un café para compartir sus dudas, broncas u opiniones. Te matan por atrás. Este gobierno fogoneó el odio. El kirchnerismo hizo de la reinvención del pasado una forma de vida. No sólo Néstor y Cristina. Sus seguidores también. De pronto descubrí viejos amigos que jamás se quejaron del menemismo acusando a medio país de neoliberal. Encontré a amantes de la constitución y del civismo de antaño amenazar con un futuro no muy lejano en el que saldrán a tirar piedras y cortar calles si gana Macri. Descubrí que ni siquiera un amigo del alma tenía la valentía de confrontar ideas pero sí de escupir chicanas y vacías dicotomías.

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